El fantasma

El fantasma

Ayer vino a verme un fantasma. No me di demasiada cuenta. Más bien fue como cuando te cruzas con alguien y te quedas pensando ¿era o no era? Pero ya desde esta madrugada he venido sintiendo su frío, sus palabras insolentes con ese eco que le ponen a cualquier sonido los recuerdos.
He estado muchos años evitando pasar por una calle porque me daba miedo el fantasma. Pensaba que ya lo había sacado de mi cuarto oscuro y había vuelto a poder mirar a esas ventanas sin sentir angustia.
Y resulta que ayer volvió y me encontró haciendo lo que hacía, en el mismo escenario donde aprendí a sentirme pequeña y víctima de un rechazo arbitrario que no pude comprender nunca.
En estos años yo me he hecho mayor, pero no sé si más fuerte. He crecido por dentro y por fuera, he conocido gente buena y menos buena, pero nadie tan oscuro como el fantasma.
Siento que ha regresado porque vuelvo a estar dentro de una batalla que ni he buscado ni quiero, porque siento de nuevo cuerdas inmovilizando mis manos y una red apretada en la boca de mi estómago. El fantasma ha regresado y crece mi inquietud.
Camine por donde camine aparezco en aquella calle, en aquel lugar, con el fantasma. Falta luz, falta aire; faltan rigor, humanidad y respeto. Estoy de nuevo a merced de su desprecio. Tiene otra cara, otra voz, otra edad, pero es el mismo escarabajo.

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