3117, en mi cabeza…
Como si pudieran latir, posé mis manos sobre las cajas apiladas. Recibí en mis dedos el polvo que acumulan las estancias que resisten a los días de persianas bajadas y recuerdos agazapados. Las acaricié por los laterales y musité mi despedida. El sol cedía poco a poco a su sombra y se excusaba por su retirada. 3117 es el número que queda de una pasión; de paseos por el monte, de tiempo dedicado al trabajo fino sobre las tablillas de…