No oigo tu palpitar
Va canturreando, como tantas veces —como desde siempre—, canciones populares. Algunas, reconocibles. Otras, menos; ejecutadas con aderezos, improvisaciones y chuflas bien colocadas, que hacen dudar de si realmente fueron así originalmente. Va contento, como va un hombre del norte en las mañanas de verano que van pidiendo relevo al otoño. Va cantando a sus pies y a la cautela con las baldosas rotas, anticipándose a tropiezos inesperados. La columna corvada y la cabeza humillada por los años, las fragilidades del…