Un nudo en la garganta
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
La cogida y la muerte. Federico García Lorca.
Se me pone un nudo en la garganta todos los días a las ocho de la tarde. No hay toro agonizante ni plaza cubierta de yodo, pero el gentío rompe las ventanas, aplaude y silba, y al barullo se suma la campanilla incesante de los tranvías que van y vienen vacíos, con permiso de la Autoridad para la profanación del desierto de las calles.
Se me pone un nudo en la garganta porque mis aplausos se arropan con las palmadas entregadas de millones de personas. A las ocho de la tarde salimos a las terrazas, ventanas y balcones para acompañarnos y sentirnos comunidad, para mostrar agradecimiento y respeto a quienes nos cuidan poniéndose en riesgo, asumiendo el cuerpo a cuerpo de la batalla que tiene al mundo entero acobardado en sus casas.
Se me pone un nudo en la garganta porque el resto del día no me lo permito. Escucho y veo los informativos, leo la prensa… Pero también me río y me rindo ante la genialidad de tanto artista del choteo que consigue despistarnos del drama con sus ocurrencias. Hago lo que hacemos tantas personas necesitadas de escapar de la tiniebla de las cifras, las curvas, las previsiones y la amenaza de un encierro prolongado que nos pueda arrebatar las ganas de seguir riéndonos. Pero acaban por llegar las ocho de la tarde y el gentío vuelve a romper todas las ventanas, son las ocho en todos los relojes, son las ocho en sombra de la tarde.
Hoy, a las ocho de la tarde del día de San José, he pensado en mi padre y en todos los padres que no han podido ser besados, abrazados y felicitados en persona por sus hijos e hijas; he pensado en todas aquellas personas cuyos padres están en las cifras macabras de los informativos y los periódicos que leo cada día; he pensado en los padres que resisten y son cuidados con tanta entrega en todos los hospitales, hoteles, pabellones… habilitados para hacer frente a la pandemia. Se me ha puesto un nudo muy grande en la garganta a las ocho de la tarde.
En apenas unos minutos, volveremos a salir a la ventana para participar de un sentido homenaje a la enfermera bilbaína que no ha sobrevivido al ataque del coronavirus. Sacaremos una luz a la calle, como si pudiéramos ofrecer una estrella, y volveremos a sentir en nuestros corazones cómo es de grande una emoción cuando es compartida; y sentiremos más calor y menos miedo, más agradecimiento y menos rabia por el encierro, más fuerza y más empeño en cuidarnos, protegernos y salir reforzados como grupo humano, aunque nos cueste sacarnos la congoja, las lágrimas y la nostalgia por algún tiempo.
6 comentarios en «Un nudo en la garganta»
Tú también has conseguido sacarme la lágrima y me has obligado a limpiarme el moquillo. Y no, no son las ocho de la tarde, porque tus palabras, amiga mía, llegan al corazón a cualquier hora.
Gracias, Luis.
Un abrazo muy fuerte, amiguito.
¡Cuidáos mucho!
Hoy es el día de la poesía, traes a un grande, pero en bella prosa pones hermosas palabras a nuestro presente inquietante e incierto. Pero, como siempre con amor y siendo capaz de sacar lo mejor a una y a todas horas. Gracias Federico y gracias Macarena
Querida mía: ¿Lorca y yo en el mismo párrafo? 😉 Qué linda eres. Muchas gracias por tus palabras.
¡Cuídate mucho, bonita!
Hola, Soy Sara Torralba, la del Blogger de La Rata del Asfalto
Estupendo todo lo que cuentas con esa manera tan penetrante
Muchas felicidades por el trabajo excelente
Un abrazo
¡Hola, Sara!
Muchas gracias.
Yo también me he paseado por tu blog 😉
Qué gusto leernos, compartir emociones, historias, impresiones… Ahora muchas personas recomiendan escribir sobre esta situación que estamos viviendo; cada uno desde su prisma, a su manera, volcando lo que siente y como lo siente. Y yo pienso que ojalá de esta estrategia (que no es nueva) para ordenar las emociones y canalizar los miedos, surja un hábito en todas esas personas que se animen a juntar palabras para buscar desahogo y después calma.
Te seguiré la pista, Sara 🙂
Un abrazo y cuídate.