Y «puto» dejó de ser adjetivo

Y «puto» dejó de ser adjetivo

En los últimos días, meses, años… están pasando cosas. Votamos todo el tiempo, el miedo entra en campaña y en el Parlamento; cuesta encontrar alguien en los tranvías que no mire hacia abajo, entregado al frenesí de deslizar dedos y teclear sin teclas; los pintxo-potes son también los viernes, los libros no son una opción para la gente menuda, las cajas de los supermercados se defienden solas, pagamos con el teléfono, vuelve el sarampión… En fin, unas cosas más graves que otras, sin duda.

Pero hay una en particular que me tiene loca. Para alguien que ama la lengua castellana como yo lo hago, hay tragos duros de pasar. Los treinta y seis señores y las siete señoras académicas de la Real Academia de la Lengua quizá estén sufriendo como yo en estos tiempos; o a lo mejor no, porque el debate sobre el uso igualitario de la lengua no les quita el sueño y a mí sí (para otro post).

En realidad, con la cuestión que provoca estas líneas, estoy segura de que están tan panchos y panchas. Pedro Sánchez no podía (en pasado) dormir pensando en un Gobierno con ministros y ministras de Unidas Podemos, pero los señores y señoras académicas seguramente se echan unas siestas del quince habiendo incluido en su diccionario «asín», quitado las tildes de nuestros demostrativos y nuestro «solo» y, lo que es más doloroso, la tilde de la letra «o» entre dos números. Ay, Señor, Señor. A dónde nos lleva tanta concesión. En fin, con dolor, pero acato.

A lo que iba, que me pierdo. Que de toda la vida, «puto» ha sido un adjetivo; ofensivo, ordinario, vulgar… Vale. Pero adjetivo; o sustantivo. Pues ahora resulta que los y las adolescentes de nuestros días le han dado una función nueva que, reconozco, me ha costado pillar; y, a lo mejor, todavía patino intentando colocarla.

Frase del día, fresca, fresca: «Yo, chaval, me puto cago de miedo» (sic). Profesores y profesoras de Lengua Castellana: en el análisis morfosintáctico de esta frase, «puto» ¿qué es y qué función cumple? Ahí dejo el reto. A mí me supera.

Ahí va otra, también de hoy: «En plan, si al final tengo que puto ir yo, paso» (sic)

Si ese «en plan», no lo ves… —ja, ja, ja—, es que te está faltando una vueltecita por los alrededores de los institutos.

Y la triple mortal viene aquí: «En plan (siempre al inicio de frase), me puto cortocircuita ese sitio; entras como en un espacio abierto y luego hay como al fondo una barra; y luego, como a la derecha, hay como mesas con sillas como altas. En plan, entras y no puto ves a nadie, como si estuviera el camarero puto solo».

Así se las gastan. Si consigues controlar el uso de «puto», «en plan» y «como», te quitas, mínimo, veinte años de encima y te dejan presentarte a la selectividad de nuevo.

Para terminar, ¿os acordáis de cuando alguien utilizaba «puto» como adjetivo con fines despectivo agresivos? Bueno, pues hoy he asistido al momento en el que una chavalita le decía a un chavalito, que ella después del entreno se iba «a su puta casa». No me ha dado la sensación de que estuviera furiosa consigo misma, así que he pensado «en plan, voy a puto escribir sobre esto, ahora que estoy como supermotivada». Criaturitas. Me encanta observarlas. Qué no diría yo a tan tierna edad. Seguramente, en mi adolescencia y juventud también hice apropiación indebida de otros malos usos lingüísticos de la época. Recuerdo bien que no era capaz de elaborar una sola frase sin encabezarla con un «maja, tía», ja, ja, ja… Vocativo impagable. Y ahora, mírame, poniendo la oreja todo el día en conversaciones juveniles para sacarles punta. Qué superioridad más tontuna dan los años, madre. Juventud, divino tesoro.

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