Sola en tu bar
He venido a este bar que tanto te gustaba porque sus sofás recogían bien tu dolorida espalda; porque tenía mucha prensa, porque ponían buen café, porque solo a ti te preparaban tostadas después de las doce: pan de molde, mantequilla y mermelada. Mientras espero mi café en la barra, busco mi monedero. Mierda, en este bar se pagaba siempre con el tuyo; no había opción. Es muy raro, se asoman las primeras lágrimas. He venido aquí porque te echo muchísimo…