Dolor y fuerza
En las últimas semanas he hecho un compañero de viaje nuevo: el dolor. Es cierto que no es constante y que se concentra en un día de la semana; el día en el que unas manos sanadoras se enfrentan con decisión a las adherencias, fibrosis e inflamaciones, que desde hace ya siete meses tienen colonizada mi pierna rota. Lo paso francamente mal. A ratos, a duras penas puedo controlar las lágrimas. Me paso la sesión echándole pulsos a mi mente,…