Cemento
Cemento sobre los párpados. Que se reseca sobre la piel y cuyo peso impide levantar la vista.
Cemento en la garganta. Que no permite que vuelen las palabras para intentar que alguien las oiga.
Cemento sobre las costillas oprimiendo el corazón. También sobre la boca del estómago y los impulsos.
Cemento sobre las caderas, que fuerza a ponerse en cuclillas. Cemento sobre los pies, formando una peana que impone la posición que te concede el mundo.
Cemento aún untuoso desparramado por todas partes. Cemento en el que introducir las puntas de los dedos poco a poco, hasta sentir sumergidas las manos que en unos minutos endurecen.
En cuclillas, inmóvil y con la cabeza humillada, sentir caer cemento deslavado, ligero que, como si fuera lluvia, mancha el pelo y la espalda a pequeñas pedradas.