Sin cabeza

Sin cabeza

En mi vida hay dos cosas que he deseado que me fueran arrancadas de cuajo, sin contemplaciones: una muela y la cabeza.

Hace una porrronada de años que no tengo dolor de muelas, pero tengo sobre los hombros un motor muy peleón al que le encanta torturarme. Me da muy mala vida. Tanto que la ensoñación de mi propia conducción hacia una afilada guillotina se me muestra liberadora. Dios me perdone por recurrir a salvajes ejecuciones para aflojar mis tensiones desde la estrategia de la autosugestión. Pero es que esto hay que pasarlo para poder hablar. También escucho la voz de la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas diciendo: «¡Que le corten la cabeza!». ¡Sea, reina! Y que lo hagan ya.
 
Mis dolores de cabeza aparecen tímidamente, casi como una molestia que se me instala bajo una ceja. En pocos minutos, la cefalea de turno coloniza mi autonomía y me somete al aplastamiento cognitivo y visual. Lo siento así: me cuesta pensar, los músculos de mi cabeza parecen inflamarse y presionar con ahínco para reventarme el cráneo. Aparece también la telilla tipo tul de entramado delicado y se coloca sobre mis ojos como un falso velo. A partir de ese momento, la realidad se desenfoca para mí y lo percibo todo como la cara de Sara Montiel en las entrevistas de su madurez.
 
Llegados a este punto, a falta de guillotina, fantaseo con tener las articulaciones de la Barbie. Es increíble lo fácilmente que se le saca la cabeza a esta muñeca y lo que cuesta encontrar ingeniero/a que la reubique después.
 
La expresión «como pollo sin cabeza» es otro recurso de evasión al que he de recurrir para no desesperar ante la migraña. Pero la más práctica de mis fantasías es la del proyecto de cabezas a rosca. Que te duele la cabeza… dos o tres giros y fuera: la dejas encima de la mesa un ratito. Que te asaltan pensamientos angustiosos recurrentes, fuera también. Que nunca te dejan como a ti te gusta el corte bob, ¡hazlo tu misma! Un masaje de cervicales, una aplicación de tinte en casa, una verificación de asentamiento de piojos… Quién consiga diseñar una rosca para la cabeza hará historia. Será un gran paso para la humanidad solo comparable a la implementación de Google en los bolsos grandes que, cuando por fin sea una realidad, marcará el inicio de una nueva era.
 
Pero mientras los departamentos de I+D+i de todos los pueblos acusan recibo de mi llamado, me vale cualquier ser de cualquier color y envergadura capaz de arrancarme la cabeza de un tironcito rápido. Así yo descanso un rato y luego ya me despierto, ¿vale? A ver si Alicia va a poder y yo no.

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