Respirar
Acabo de asistir a un recital de poesía en directo, por Instagram. Lo han ofrecido Miguel Ángel Vázquez y Arturo Warleta, compañeros de militancia y activismo en el partido Por un Mundo Más Justo, durante unos años que fueron para mí importantes y maravillosos (los momentos amargos, que los hubo, también curten).
Miguel Ángel nos ha invitado a participar de una poesía improvisada proponiendo palabras con las que enriquecer sus versos. La mía ha sido «respirar». Eran muchas y, en una competencia dura con «ornitorrinco» (lo juro; la gente es así y en cuarentena la creatividad la carga el diablo), la mía se ha quedado finalmente fuera.
Se me ha abierto el apetito con el recital y con la improvisación colaborativa y no me puedo contener las ganas de darle cobijo a mi palabra, en estas líneas que son refugio en el que siempre recojo y guardo lo que me ronda.
Respirar, respirar bien, respirar profundo se han convertido en privilegio y señal de que todo está en orden en nuestra amenazada existencia. Respirar y respirar en primavera, no nos parecía posible sin que el aire y el sol, el viento y la lluvia nos acariciaran el rostro; sin que en la línea de nuestros pasos hacia el verano nos acompañaran los árboles frondosos y los jardines floridos. Y, sin embargo, estamos aprendiendo a hacerlo: a respirar desde la ventana y desde los balcones, a respirar dentro de las casas, con mucha gente y pocos espacios, en los momentos que fluyen y en los que la tensión nos hace rozarnos, herirnos, perdonarnos y desear con fuerza que todo esto pase pronto.
Respirar sin apenas darte cuenta es un anhelo para las personas que pelean en las camas de los hospitales, respirar es tomar conciencia del dolor en el corazón de quienes no pueden abrazar a sus seres queridos en lucha por la recuperación y la vida. Respirar es el modo de permanecer y es la única puerta de salida para volver a nuestras cosas y con los nuestros; con todas y cada una de las personas que nos hacen falta.
Inspirar… espirar… Despacio, profundo… reconociéndonos en el miedo, la angustia y la vulnerabilidad. Venga, venga, venga… Pasará. Como pasan los temporales. Llegará el verano y ojalá nos permita respirar todo el dolor de las pérdidas y los malos ratos en un arrope colectivo de abrazos y besos que nos ayuden a seguir adelante.