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El primer día de la primavera

A pesar de que está nublado, hoy me parece el primer día de esta primavera sin testigos que hemos estado intuyendo brotar en los parterres y las ramas. He estado un rato en la terraza viendo niños y niñas pasear de la mano o con sus bicicletas. No soy yo muy de chavalería, pero ha sido un gusto escuchar sus voces blancas por las calles. Es como si la vida hubiera salido a escena de nuevo. Muchas familias, aunque sea por partes, han salido a respirar y a caminar con el permiso de la autoridad y el lote de prudencias bien presente.

Esta mañana, los datos son menos malos y nos han prometido que, si seguimos así, en unos días también las personas grandes podremos hacer deporte ahí fuera o darnos una vuelta, para reconocer los espacios que cedimos al miedo y a la responsabilidad. Aunque sea un rato, aunque sea cubiertas, aunque sea solas o por parejas, aunque sea con un permiso condicionado a lo que siga ocurriendo en los hospitales, la esperanza se deja ver como un regalo de luz entre esas nubes espesas tan nuestras.

Este mal sueño que nos metió en nuestras casas sine die, nos vino con un manual de instrucciones que parecía estar en todos los idiomas menos en los nuestros. Cómo iba a ser que tuviéramos que renunciar a las calles, a la escuela, al trabajo, al encuentro, a los abrazos, a los cines, las tiendas y los bares… No podía ser pero era, es y va a seguir siendo durante un tiempo aún. El aire libre es todavía un concepto con limitaciones físicas, mentales y temporales.

Pero hoy han salido un montón de florecillas a las aceras. Nos han devuelto un poco del ruido y el trasiego que han perdido los barrios, y nos han ofrecido el capítulo cero de una serie nueva que puede verse desde la plataforma más libre y universal: la ventana. Esto ya parece otra cosa.

No lo hubiéramos creído hace dos meses, pero nos hemos conformado con la promesa de una “nueva normalidad” en no demasiado tiempo. Nos va a venir bien este ejercicio de paciencia y de poner en valor las cosas importantes que teníamos: la libertad de movimiento, la redes de relación, la privacidad, los espacios descongestionados dentro de las casas, el acceso a la cultura… Aunque sea durante un rato de nuestra existencia. Esta naturaleza nuestra es perezosa para atesorar las enseñanzas valiosas y se da más fácil al aquí y al ahora, aunque ello suponga volver a caer en los mismos errores por miedo a pensar de más y complicarse la vida.

Hay un vídeo circulando por las redes sociales que nos planta ante la cara todo el exceso de nuestras vidas antes del 14 de marzo. Termina con una reflexión interesante: en todos estos días ¿has echado de menos algo o más bien a alguien?

2 comentarios sobre «El primer día de la primavera»

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