La rosca
Siempre que me ve escribiendo o leyendo sobre la cama, se sube de un salto. Sabe que, en teoría, no puede hacerlo, pero yo le dejo porque me encanta. Se arrima a mi cuerpo y se hace una rosca sobre sí mismo. Se mordisquea un rato y después posa su bonita cabeza sobre una de las patas delanteras. Su cuerpo se eleva al compás de su respiración y transmite… paz. Me tiro sobre él con suavidad y me abrazo, hundo…