Que no nos representan

Que no nos representan

Tengo una pequeña indignada en mi casa. Podría haber dicho que tengo dos, pero sería hablar de otra cosa: de estos niños y niñas de hoy en día, que son tan libres que se pueden permitir el lujo de indignarse con frecuencia. Criaturitas.

Pero yo lo que tengo es una cantarina que, en su distraído deambular de una a otra habitación, corea: «Que no, que no, que no nos representan». A mí me da la risa. «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Mi chiquitina no se ha sacado esta cantinela del cd de canciones del cole, qué va. La escuchó una y otra vez el pasado sábado en la plaza de la Virgen Blanca, a pocos metros del Ayuntamiento, donde en aquellos momentos se estaba formando el gobierno municipal y la tía Ainhoa tomaba posesión como concejala. Mientras, su hermana mayor preguntaba: «¿Por qué dicen esos que no nos representan?, ¿con quién están enfadados?». Y ahora vas y respondes, sin meterte en un jardín ideológico-familiar. Insisto: Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Salimos del brete, o más bien lo echamos a un lado, gracias a que el espectáculo de teatro de calle por el que estábamos aposentados en la plaza empezó puntual. Pero el gusanillo ya se había colado por la orejita de mi inocente benjamina: «Que no, que no, que no nos representan…». Así que, cuando por la noche aún seguía canturreando, no sabía si reírme o llorar. Fui al grano: «Olarizu, esa canción no se la cantes a la tía Ainhoa, ¿eh? Ni al abuelo Jesús». Como si fuera a valer para algo la indicación.

Últimamente, esta niña nos deja secos. La semana pasada me dijo al bajar del coche: «Mami, tenemos que coger palitos, para que los gusanos de seda puedan hacer el capullo». Pues eso, cogimos los palitos. Los gusanitos ya están haciendo el capullo y yo, a Dios pongo por testigo que, si tengo que presenciar cómo mi niña corea delante del abuelo, me pongo como loca a lanzar hilos de seda sobre mi persona y haciendo yo también el capullo, me evito dar explicaciones. Porque a ver: son sangre de nuestra sangre y apechugamos, pero hay veces que no, que no, que no nos representan.

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