90,70 €

90,70 €

“Papi: estos cereales que hemos comprado, si te los tomas por la noche, te levantas de buen humor. Se los podemos dar a la tata, que siempre se levanta de que no». Y añade: «También le pueden venir bien a mami”. 
 
Ja, ja, ja… Cuánta falsedad. Si algo tengo yo a mi favor es un buen despertar. Suena el despertador, lo apago y salgo de la cama. Mi despertar es impecable y ahí no pienso entrar. A mi hija lo que le pasa es que está confundida, porque hay días en los que me dura bien poquito la armonía del nuevo día. Ahí tampoco voy a entrar, porque es así; cuando la niña tiene razón, se le da.
 
Hoy ha salido la mañana gris, impertinentemente fresca y llovizneante. Mi cerebro está programado para rechazar de plano estas condiciones y asumir sin resistencia una significativa merma de mi capacidad para la superación de una temporal adversidad. Un día de verano como el de hoy es una provocación en toda regla para mi frágil estabilidad espiritual.
 
En días como hoy me pasan cosas inquietantes y desconcertantes. Pero lo de esta tarde ha sido la repanocha. Una estupidez superlativa se ha apoderado de mí y las consecuencias se pueden cifrar en euros con una suma, no por sencilla, menos abochornante: 32 € + 90,70 €. Hacen un total de 122,70 €
Desgloso, para que la audiencia me siga. 32 euros, que he pagado en la gasolinera por unos 25 litros de gasolina que mi coche con motor diésel, obviamente, no utiliza. A ello, sumemos otros 90,70 euros que son los que me pide el taller que se ha quedado con mi malherido Shara Picasso, para arreglar el desaguisado. Digo bien: 90,70 €. ¿Por hacer qué? ¿Sacarle con un tubito la gasolina del depósito? ¿90,70 euros por un único aspirado bucal seco? ¿Qué te pasa, hombre? ¿Me cobras 90,70 porque vas a pasar la noche sin poder hinchar globos y así compensas?
 
La rabia me devuelve una y otra vez la imagen de mi misma, manguera en mano, bien cerquita del surtidor de Sin Plomo 95, viendo pasar las unidades, decenas y céntimos de euro… Relajadita yo en serena contemplación de mi descalabro. Me veo repentinamente llevándome las manos a la boca y corriendo a librarme del arma del crimen. Y veo también mi reflejo en el cristal de la gasolinera (la verdad es que esta mañana he salido de casa muy mona).
Miedo me da que mañana, cuando venga a recoger mi coche al taller,  además de palmar la pasta, me quiten la custodia de mi Picasso por maltrato y dejación de responsabilidades. Yo es que con mal tiempo no funciono bien. Me voy a dar a los cereales nuevos de mi hija, a ver si consigo no levantarme mañana de que no.

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