Superestar

Superestar

«A ver si estamos a lo que tenemos que estar».

Eso me ha dicho. Y yo me pregunto a cuál de las cosas a las que estoy tengo que superestar. ¿Hay un tema más súper que otro que merezca mi plena atención? Mientras estoy a lo que tengo que estar…, al frente del resto de las cosas, ¿quién está? Lo que digo: la clave es SUPERESTAR. Aquí y allí, a esto y a lo otro, con todos y a todas. Agotador.

«A ver esa madre, si deja el móvil y estamos a lo que tenemos que estar».
Adorable esta señora enfermera de la consulta del endocrino. ¿Alguien que no esté de acuerdo?

Estaba acabando de mandar un email por un asunto urgente de trabajo, un segundo antes de ser incomodada con tamaña impertinencia en presencia del resto de personas que ocupaban la sala de espera abarrotada. Podría haberse imaginado esta señora que no estaba metida en Facebook ni chateando con mis amigas, porque me he quedado sin cafelito por tener que llevar a las niñas al especialista. Podría haber supuesto que simplemente era una madre que estaba en el médico con sus hijas intentando conciliar la vida familiar y laboral con la ayuda de su teléfono inteligente. Si hubiera tenido una sola neurona funcionando esta mañana, esta señora habría esperado un par de segunditos hasta ver si era cosa de poco o si había penetrado en sus dominios una friki tuitera a la que había, necesariamente, que llamar al orden.  

Pero esta señora que me ha puesto de un humor excelente de buena mañana es de esas personas que nos sobran a puñados en este mundo que no mejorará, mientras haya seres animados que gozan poniendo el puntito en las íes ajenas, por el mero placer de colocarse (o eso les parece) un poquito más arriba que tú. Le he tenido que explicar a esta señora que su maravilloso mundo de muestras de saliva para la detección de hipercolesterolemia familiar no es mi única preocupación; aunque para ella esa sala impersonal de consultas externas se le muestre salón de baile en el que se siente la princesa elegida. Huelga decir que no es más que una petarda. Desde el fondo de mi alma brota un rechazo sin fisuras a esta señora tan idiota. A ver si estamos a lo que tenemos que estar, me dice. Vete a la mierda.

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