Mi infancia son recuerdos…

Mi infancia son recuerdos…

*Texto homenaje escrito para el funeral de mi madre – 11 de junio de 2022


La tarde que murió mi madre, mi prima y amiga Lorena, me dijo: «Tu madre era encantadora, cariñosa, guapísima y una señora de la cabeza a los pies».

Podría dejarlo aquí. Pero es justo decir que esta tarde hemos venido a celebrar la vida de mi madre, porque era todas esas cosas y muchas más. Mi padre, mis hermanas y mi hermano, hemos compartido en los días pasados muchos de esos recuerdos que necesitamos sacudir, para soplarles el polvo de los años y devolverles todo su brillo, su emoción, su importancia y con ello el agradecimiento por haberla tenido.

Mi infancia son recuerdos del programa Protagonistas de Radio Nacional, con Luis del Olmo. Puedo escuchar en mi cabeza la cabecera: Aquí está Protagonistas, con la gente y la radio del pueblo, las mañanas se visten de fiesta, Protagonistas…

Nuestra madre siempre fue de radio, de estar informada. Era una mujer moderna, activa, solidaria, con inquietudes, pasión por la tecnología —la primera en tener un smartphone—, con ganas de aprender siempre, sociable hasta decir basta, amiga de sus amigas. Fue a cursos de euskera, de marquetería, de memoria. Decía que hacía los ejercicios de memoria por nosotros, y lo hacía con una voluntad que hoy conmueve, porque no era sino un signo más de lucha tenaz contra el avance de la enfermedad.

Lo último que hizo fueron las clases de pintura. Mi padre empezó a enmarcar sus creaciones y a regalárselas por su cumpleaños.

Se sacó el carnet de conducir con cuarenta y un años y nos llevó hasta el Valle de Hecho con la L puesta. Y el verano siguiente hasta Almería; los seis en el 127, con las ventanillas bajadas todo el camino, porque yo no hacía más que vomitar. Y al llegar, desenredarnos el pelo a las tres, colocar las cosas en el apartamento y hacernos la cena. Entrega es la palabra.

La recordaremos siempre disfrutona. La cocina de la casa de mis padres ha sido testigo de mucho cachondeo. Nos juntábamos allí los cuatro para ser nosotros mismos en estado puro: gente con mucho carácter y, como dice mi hermano, con mucha creatividad. Molestábamos a mamá, que nos decía: «Hay mucha gente aquí y está cocina es muy pequeña». Pero le encantaban esos momentos de risa floja y humor fino con sus cachorros.

Mi madre era de su familia. Toda la vida la hemos escuchado decir: «Yo es que quiero mucho a mis hermanos». A sus hermanos y a mi padre. cincuenta y dos años juntos. Había que ver cómo lo miraba antes de lanzarse a darle un montón de besos…

Estamos esta tarde aquí, en San Mateo, porque esta es la parroquia de nuestra familia. Aquí fuimos bautizados los cuatro, mis hermanos pequeños recibieron su primera comunión y aquí también mamá y yo fuimos catequistas; estuve años cantando en el coro de la misa de once, ahí mismo, con mi guitarra. Todavía mis padres seguían viniendo aquí, a misa de una.

Queremos agradecer al párroco, César, que nos haya acogido en San Mateo, para poder despedir a mi madre. Pero quisiera decir que mi madre también fue mucho de su parroquia de Todos los Santos. Allí fue voluntaria de Cáritas y le puso alma, corazón y vida al Programa de Familias Monoparentales hasta que la enfermedad la arrolló.

De aquellos tiempos viene el afecto por Antonio, párroco entonces de su parroquia, que tan amablemente ha respondido a la llamada de esta familia para asistir a mi madre en sus últimos momentos y celebrar su funeral.


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