3117, en mi cabeza…
Como si pudieran latir, posé mis manos sobre las cajas apiladas. Recibí en mis dedos el polvo que acumulan las estancias que resisten a los días de persianas bajadas y recuerdos agazapados. Las acaricié por los laterales y musité mi despedida. El sol cedía poco a poco a su sombra y se excusaba por su retirada.
3117 es el número que queda de una pasión; de paseos por el monte, de tiempo dedicado al trabajo fino sobre las tablillas de madera; de horas y horas de contemplación de colores, manchas, morfología y singularidades. De lecturas escrutadoras sobre los listados que anticipaban la ilusión por recibir los ejemplares nuevos. 3117 es el número del orgullo de toda una vida, de un legado que conmueve, de la vía de escape de la soledad, los tiempos y los muertos.
En mi cabeza, 3117 se propulsaron libres, sin alfileres, sin etiquetas; atravesaron cristales, cartón, las pegatinas de MUY FRAGIL y las puertas de la furgoneta que las llevaba al lugar escogido. En mi cabeza, se fueron juntas, en bandada, surcando el cielo: grandes, pequeñas, nocturnas y diurnas. Juntas, de viaje hacia lo alto; cumplidoras, necesitadas de bendición antes de la definitiva despedida y el vuelo hacia la bella Navarra.
