De nuevo, miedo
Tengo el miedo bajo la piel. Lo presiento cuando aprieta para abultarse y alertarme así de que se dispone a salir; infecto, sucio, conocido de otras batallas que perdí; escudo contra las peores posibilidades, humillación para mi fortaleza, temblor de mis certezas.
La música que arroja el auricular que llevo puesto tira de mi hacia el lado en calma, pero mi cuerpo agarrotado está rígido contra la cama y en conciencia plena de mi desvelo. Es de noche y tengo miedo. Tengo muchas ganas de llorar, pero no quiero hacer ni el más mínimo ruido. Aunque… por la noche se escucha todo menos las lágrimas. Tampoco el aullido de la soledad; el miedo es un duelo solitario entre la fragilidad y la resistencia.
Tengo miedo. Tengo los ojos cerrados. Tengo miedo. La música que escucho no sirve para que deje de traer a mi cabeza el recuerdo de noches de impotencia y rendición.
Tengo miedo otra vez y no quiero. Quizás si no abro los ojos, si sigo atenta a la música y a mi respiración, si consigo atravesarme con una inspiración que desde la tripa consiga llegar al pecho. Quizá si dejo de pensar en todo el miedo que siento, me rescatará el sueño para abrazarme y ponerme a salvo.