Reseñas

Reseñas

Estoy convencida de que es cosa de todos y todas hacer que mejoren las cosas que no van bien. Pero también creo que hay que hacerlo donde toca, donde la queja tiene alguna posibilidad de llegar a quien corresponda, para que sea valorada y se tomen medidas, si se estiman necesarias. Quejarse con familiares y colegas puede ser un desahogo, pero no hace que cambie nada.

Soy de pluma fácil y, cuando lo he visto claro, he redactado y hecho llegar una reclamación. También he redactado valoraciones positivas, pero tengo que reconocer (con cierta vergüenza), que el impulso me brota más cuándo no me siento bien atendida. Los derechos que nos «amparan» siempre los tenemos más a mano.

El caso es que -un síntoma más de la moderación que nos aportan los años- las últimas veces que he puesto una reseña en internet, al publicarla, me he sentido rara. Rara mal. Y, entonces, la he revisado y matizado pensando en las potenciales repercusiones que podría generar mi escrito.

Cuando esto me ocurre, pienso cosas como, por ejemplo, si mi queja podría provocar amonestaciones a personas empleadas, que quizá (y seguramente) trabajan en condiciones de precariedad.

Cuando, pongamos por caso, tras una mala experiencia en un local hostelero, termino de quejarme digitalmente de la demora en la atención, del trato hosco del personal, de la poca oferta para personas vegetarianas, de la nula disponibilidad para atender una circunstancia especial… al ver publicada mi reseña, siento algo como un vértigo en mi estómago: tomo conciencia de que no tengo toda la información, de que quizá me faltan los detalles que podrían contextualizar lo ocurrido y activar mi comprensión.

Es cierto también que, con estas prudencias, no podríamos quejarnos nunca de nada y nos volveríamos una ciudadanía pasiva que, por distintos motivos, no reacciona a los atropellos, a los abusos, a las malas praxis. Esto nos convertiría en una sociedad en peligro, carne de cañón para autoritarismos y control de derechos y libertades.

Igual el tema se me ha ido de madre, no sé. No importa, esto es Ya sé yo mis cosas; mi lugar para el desparrame y mi sesgada interpretación de esta vida loca.

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