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Deshumanización, temor y mala educación

Esta mañana he asistido a un acto de conciliación. ¿A que suena bonito? Parece que íbamos a hacer las paces, ¿a que sí? Bueno, yo ya sabía que no, porque lo que nos planteaban no nos parecía aceptable. Así que, visto así, la culpa de que no hayamos salido de los Juzgados siendo “amigos” sería mía. Sin avenencia, seguiremos viéndonos para seguir participando en este proceso de buscar justicia; no a mí favor, aclaro: justicia, la que corresponda.

Eso llegará. Con caaaaalma… Como todo en estos tiempos de ejercitar la paciencia y controlar los arrebatos de irritación por tanta lentitud en todo. Pero vuelvo al episodio de hoy, porque me ha dejado sensaciones feas.

Mi abogado y yo, muy puntuales. La abogada de la parte contraria, no tanto; dentro de los límites de la cortesía, sí. Pero me he quedado con la duda de si hay lugar para la cortesía entre partes en el espacio/tiempo judicial, porque no me ha parecido escuchar ni buenos días. Por no haber no ha habido ni cruce de miradas, lo único que nos hace humanos en estos tiempos.

El acto ha tenido lugar en un mostrador. Con eso ya nos hacemos una idea de que la cosa va rápida: no hay acuerdo, firme aquí, firme aquí y firme aquí. Hala, listo. La abogada ha sido la primera en firmar y acto seguido se ha ido. Después mi rúbrica y, a continuación, la de mi abogado. Hasta la próxima.

Afortunadamente, no suelo pasearme por los Juzgados y, a lo mejor, es por eso que me ha resultado todo tan frío, tan deshumanizado. O a lo mejor es este momento que nos ha tocado vivir en el que el temor al contagio nos distancia de las personas y, por ende, de la experiencia de la empatía. ¿Pero esto nos justifica para darle la espalda a las formas y a la cortesía básica entre seres humanos? Antes le echábamos la culpa al estrés, a las prisas, a las exigencias de un modelo de sociedad imposible. Ahora podemos añadir también la excusa del coronavirus. Pero cualquier reflexión que intento hacer sobre esto me lleva al mismo sitio: ¿dónde están la amabilidad, el calor humano, las sonrisas…? ¿No se nos están yendo de las manos la deshumanización, los temores y la mala educación?

Para toda esta gente que aún no se ha dado cuenta, diré que se puede sonreír con los ojos y que se agradece mucho. Tenemos muchos problemas, pero uno gordo es olvidarnos de que en cualquier situación de la vida que nos haga coincidir con otras personas, hay una oportunidad para enriquecernos en el bienestar mutuo y la cohesión social.

Ya sé que un acto de conciliación nace de una confrontación previa entre partes y, este quizá no es el mejor contexto para hacer amigos. Sí. Ya lo sé. Pero no creo que esté reñido con reconocernos como personas educadas y ejercer como tales. Llamadme simple, ingenua… Pero pienso que guardar las formas no hace daño y posibilita que todo sea un poco más llevadero. Yo hoy me he sentido incómoda: día frío y ambiente hostil, mucho tema para la misma mañana.

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