Frente a Millás
Un libro de Millás me sale al paso como lectura recomendada en mi lector digital: La vida a ratos, publicado en 2019. No lo conozco y mira que me he leído libros de Juan José Millás.
Algunos los confundo, pero creo que a Juanjo no le importaría y que la manera en la que yo cruzo sus tramas, personajes y escenas en mi cabeza podría resultarle inspiradora; quizá como punto de partida de algo que, a término, recuperaría su pleno sentido otra vez.
Me reconozco incondicional de la manera en la que Millás le saca los colores a la lectura evdente de las cosas y entresaca verdades alternativas a una cotidianidad que nos tiene acogotados con su hostilidad, su individualismo, su prisa y su futuro desesperanzado.
Millás recrea y pare mundos nuevos todo el rato. Me gusta tanto el universo Millás, que siempre que lo leo, lo hago con una sonrisa. Me rindo a su genialidad empequeñecida en el reflejo que proyecta sobre mi yo escritora. Si no puedo tener la pluma de Juanjo, aspiro al menos a seguir poniendo de mi parte la plena conciencia con la que me tiro a devorar sus páginas, feliz de estar aisitiendo a la única magia que me interesa: la que transforma una realidad obvia en una historia barnizada de surrealismo, capaz de raptar durante horas a quien se entrega a un libro buscando escapar, aprender, crecer, entretenerse… o desaparecer; mientras se oye a coro un «Oooooooh…».
Busqué a Millás en la pasada Feria del Libro de Madrid. Allí estaba. Muy serio, correspondiendo a los lectores y lectoras que se habían acercado a comprar su último libro y a saludarlo. Yo no me atreví. En mis años adolescentes y juveniles no fui fan de nadie (los Hombres G me tuvieron cerca, pero tenía claro entonces que disfrutar con la música de alguien tampoco implicaba volverse loca). Entendí el sentimiento fan cuando la lectura se hizo un lugar imprescindible en mi vida.
En la Feria del Libro del mes de junio pasado, frente al puesto de Alfaguara, me sentí pequeñita frente a Millás. Me hubiera encantado tener el arrojo para esperar mi turno y, una vez estuviera frente a él, decirle: «Ya tengo tu libro, pero quería darte las gracias».