Paz en el mundo
He empezado el año fatal. Cansada, dolorida, triste, desesperanzada y con un buen catarro. Menudo plan, qué bajón. A ver quién me aguanta todo 2025 con esta actitud tan lamentable.
No soy ni de hacer balances ni de expresar deseos, pero en Nochevieja fui invitada a escribir unas palabras en un globo y lo primero que me vino a la cabeza fue Paz; como si fuera la miss ganadora en un concurso de belleza norteamericano: Paz en el mundo.
No fue un deseo hueco, de postureo, lo prometo; a fin de cuentas, en ese momento, hablaba conmigo misma nada más. Me sorprendí por la rapidez con la que, en pocos segundos, identifiqué que mi mayor anhelo era de paz.
PAZ:
• Para mí; para mi cabecita acelerada, para mi alma torturada por revoltijos de emociones que no tengo energía para gestionar correctamente.
• Para mi relación conmigo misma.
• Para mis relaciones:
– con los que siento míos,
– con los míos que no siento como tales,
– con los que no son míos, pero tengo que hacerles un lugar en mi vida o mis tareas.
• Para los pueblos en conflicto.
• Para todas las personas que no son capaces de encontrar las lucecitas que marcan su camino, pero tienen la certeza de que están y desearían recuperar la ilusión por hallarlas.
Al minuto siguiente a este pensamiento de alcance mundial, cogí el rotulador que se me ofrecía y dibujé una estrella asimétrica, con una punta más larga que el resto. Y así, mi anhelo de paz se alzó camuflado en esa estrella imperfecta que siento mi mayor referencia en los últimos tiempos. Ya sé yo mis cosas.
Ha empezado 2025 y se supone que debería tener ilusiones, proyectos, retos… algo que yo sienta que merece la pena emprender porque mejorará mi vida. Pues vaya. Me siento como cuando echo una última mirada al camarote antes de cerrar la puerta: frustrada e impotente. Tanto que ordenar, tirar, reubicar… ¡¿Para qué?! Hay demasiada gente con llave.