Que me toque en la lotería un Chas

Que me toque en la lotería un Chas

No me gusta la lotería, me pone triste; en particular, la de Navidad. No soy capaz de conectar con la alegría y el descorche compulsivo de botellas de champán que veo en las administraciones de lotería que salen en la tele. La gente se abraza y llora, y cuenta lo que hará con el dinero caído del bombo. Y yo… me quedo fría. Pero, en fin, me alegro por esas personas que están tan contentas, claro. Y les deseo una buena gestión de su fortuna y el mejor de los encajes con sus expectativas.

Me pasa algo parecido con el fútbol: no entiendo que alguien pueda sentir felicidad tras ver ganar a su equipo, cuando, además, ello no conlleva gratificación alguna para  los bolsillos de los y las aficionadas. Claramente, hay algo  poderoso en ello (aunque a mí se me escape), si tiene la capacidad de provocar tamaña satisfacción. Con el fútbol y la lotería me siento de otro planeta.

Cada 22 de diciembre recibo con la misma indiferencia las notificaciones de los premios que van saliendo. Puede ser porque juego una miseria (y obligada por gente que insiste en no dejarme fuera de los décimos colectivos), pero, sobre todo, porque siento con fuerza que ninguna de las cosas que yo necesito vale dinero.
Sé que algunas o muchas de las personas con décimos premiados tienen ahora mismo en sus manos una oportunidad para cubrir un gasto básico, un capricho o darle vida a un sueño. Pero ¿y si en lugar de sostener este chiringuito de los sorteos nos ponemos de acuerdo para gastarnos ese dinero en un fondo que destinar allí dónde haga más falta? Así el Gordo caería siempre en su justo sitio.

Y es que no hay nada más injusto que la lotería. Los juegos de azar, en general, son lo más insolidario que hay. Con el acumulado de lo invertido en ciegos, primitivas y decimos infructuosos… se podrían hacer cositas, ¿eh?

Estoy un poco cansada de ser la excéntrica que no quiere que le toque la loteria y argumentar por qué creo que con las cantidades grandes de dinero se cuelan siempre problemas que, incluso, te pueden buscar la ruina.

He terminado saturada de números y de exaltaciones de alegría navideña. Y esto no ha hecho más que empezar… Me digo: Dale, que este año también resistiremos.
Ayer le cantaba a una amiga una frasecilla, apañada para la ocasión, de la popular canción de Alex y Cristina: «Hago ¡chas! y aparezco… en el 7…», de enero.

¿Te imaginas que la lotería pudiera obrar que te caiga del bombo un agujero temporal por el que escapar sin que nadie te echara en falta durante toooooodas las navidades? Seguro que la IA ya sabe cómo fabricarme un avatar resultón que sea tan petarda como yo y que dé el pego durante la tregua del chas que me lleve sana y salva hasta el 7.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos: El responsable del proceso es Macarena Domaica Goñi. Tus datos serán tratados para recoger opiniones sobre las publicaciones del blog. La legitimación del tratamiento es por consentimiento del interesado. Tus datos serán tratados por Automattic Inc., EEUU para filtrar el spam. Tienes derecho a acceder, rectificar y cancelar los datos, así como otros derechos, como se explica en la política de privacidad.