Gracias a cascoporro
Van corriendo los días. Las imágenes del susto han pasado tantas veces por mi cabeza que empiezan a parecerme un gif. El gotero, a ratos, no lleva analgesia; me han levantado un par de veces, han dejado de salirme moratones nuevos y le voy pillando el truco al mando de elevar por partes la cama. Aclimatarme me ha proporcionado calma para repasar lo vivido en las últimas jornadas y me pide dar las gracias.
A la vida, porque una pierna rota parece poca cosa cuando revivo el gif.
A la Policía Local (si, sé que estáis flipando) porque vinieron muy rápido y me atendieron superbién, con cercanía y amabilidad[1]. Hay agentes de Policía Municipal que sonríen y este descubrimiento me sitúa ante una perspectiva nueva de relación en clave de armonía y entendimiento entre la ciudadanía y la ley local. Estoy alucinando más con este hallazgo que con la morfina en vena que me han administrado. Estos viajes surrealistas, a mi edad, aportan desenfoques sugerentes…
Al personal sanitario de la ambulancia y del Hospital de Santiago. Se cuentan por decenas las y los profesionales amables y atentos que corren por estos pasillos. Está el hospital a reventar, suenan los timbres sin parar y ellas (sobre todo ellas) están a mil cosas con la sonrisa puesta y toda la predisposición para aliviarte. Desde aquí un llamado: manden refuerzos; esta gente es la pera, pero necesitan arrope.
A tantas personas por tanto cariño, por tanto amor, flores y ¡chocolate! Como le decía a mi amiga Ana, tenemos a la hipercolesterolemia familiar intimidada en una esquina de la habitación. Nadie la está teniendo en cuenta; hay ratos en los que se oyen gemidos que a lo mejor son de ella… ¡Bah! Ahora estamos a otra cosa. Que corra el chocolate, que si no te lo comes rápido se le van las vitaminas, ja, ja, ja…
A mis amigas, que son las mejores.
A mis compis, ahí pendientes. Lujazo.
A mis compañeros y compañeras de la coral y a nuestra directora, tan amorosa. Cariño y atenciones por todas partes.
A Jonathan, por quedarse conmigo en cuclillas y bajo la lluvia.
A mis hermanas, por sus cuidados y su gestión de entradas, permanencias y salidas.
A toda mi familia directa y política. A Rebeca, por su dibujo tan bonito.
A Gemma, por ofrecerse a ayudarme en lo que pueda, todo el tiempo, desde la cama de al lado.
A mi marido y a mis niñas, por estar a todo lo que necesito: a Javier, por la gestión entregada y en solitario a la gobernanza del hogar; a Violeta, por bailarme en la habitación y a Olarizu, por no querer marcharse nunca del hospital porque yo no voy a casa.
Y a todos los amigos y amigas que me hacen el seguimiento por WhatsApp y por teléfono, haciéndome llegar su abrazo a todas horas. GRACIAS a cascoporro.
2 comentarios en «Gracias a cascoporro»
Amiga querida, una pena estar lejos. Te mando un abrazo sincero y lleno de buenas energías que te terminen de levantar. Gracias por ser….
¡Sara! Gracias a ti también por estas palabras que son analgesia para el dolor y caricia en mi corazón. Un abrazo grande, grande.