Las madres perdidas

Las madres perdidas

Tiene que haber un lugar a donde podamos ir las madres sin destino; las que vagamos a la espera de las señales que nos lancen o intuyamos, deseando acertar.

Tiene que haber un espacio —aunque sea mental—, donde descargar un poco el peso de ser madres que si no estamos, vamos; madres que cuando caemos rendidas, sentimos que ya vuelve a empezar un nuevo día que abordaremos sabiendo que no podremos dirigirlo, tan solo gobernarlo.

Tiene que haber una mecedora al sol para las madres que se pasan la vida recogiendo calcetines del suelo, como si recondujeran pasos hacia un lugar correcto, hacia un lugar seguro.

Tiene que haber un abrazo disponible frente a cada madre que llora, aunque no sepa decir por qué, o no quiera o le duela tanto que lo enmascare con sonrisas.

Tiene que haber en algún laboratorio de alguna parte, una esperanza para el alivio del desconsuelo y del miedo, y del alma dañada por tanta generosidad vapuleada.

Las madres perdidas no le importan a nadie, se mira hacia otro lado y ya está. Una madre no puede dejar de ser faro, porque está en su naturaleza guiar hacia la luz. Las madres saben siempre a dónde van y tienen respuestas para todo. No necesitan nada. Siempre están.

Las madres perdidas no recuperan nunca a las mujeres que fueron, porque dar vida colocó para siempre en segundo plano su voluntad, interés o necesidad. Las madres de las que hablo sufren la mordedura del bicho de la responsabilidad, del «madre no hay más que una», del servicio de por vida, del ponerse a la cola, del autoexamen de buena madre acogotando los días y las noches.

Hay madres perdidas capaces de reconocer que las suyas también lo estuvieron o aún lo están. Muchas no supieron ver en sus madres su entrega, su renuncia, su paciencia, sus penas… hasta que ellas mismas fueron madres y por el camino se perdieron también.

Escribo esto por si dentro de unos años no lo recuerdo, o no sé expresarlo, o no quiero o no estoy. Porque parece haberse puesto de moda el concepto de mala madre en clave de humor, para poner en valor la rebeldía ante la tiranía socialmente consentida de la maternidad. Yo pienso que muchas de aquellas que ni siquiera desde el humor se sienten cómodas en el concepto de malas madres, quizá lo que sientan es que están muy perdidas. O no. Lo que siente una madre, a veces, roza el misterio.

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