Celebrar la vida.
Treinta y cuatro años, un niño de cuatro y un viudo desconsolado. Una familia destrozada y la más razonable de las preguntas en el aire: ¿por qué? Izaskun se ha zafado de su enfermedad al fin y su pérdida ha hecho saltar por los aires las piezas del puzle. No la conocía mucho, pero la estimaba. Era guapa, tenía unos ojos preciosos, buena conversación, sabia cocinar de maravilla y siempre le restaba importancia al trabajo y al resultado final de…