Un arcoíris en la calle San Antonio
Un bonito sol iluminaba esta tarde la ciudad. En la calle San Antonio, una ventana recibía un espectacular cañón de luz dorada y tibia. Al mismo tiempo, en la acera de enfrente llovía fino y triste. De lado a lado de la calle, un arcoíris obligaba a levantar la mirada para despedir a Ori, que caminaba sereno hacia su destino sin poder evitar mirar lo que iba dejando atrás con cada uno de sus pasos: un hogar, cuidados, amor, caricias sobre el pelaje y recogiendo su carita…; ratitos de juegos, una familia… Sobre la mesilla, un libro que será para siempre un bonito recuerdo de su aventura representando a la gata Sabia.
Ori ha cruzado el arcoíris esta tarde y en la calle San Antonio, una pena tremenda se sienta en la butaca a contemplar la calle como él lo hacía. Pienso en él. En todas las fotos, en todos los vídeos en los que este gatito de oro me ayudó a visibilizar uno de mis personajes más queridos. Pienso en Ori, pienso en mi amiga Isabel y se me rompe la mirada.
Cierro los ojos y me permito estar triste, porque lo siento tanto… Pinto con mis mejores deseos siete brochazos de siete colores sobre la bonita guirnalda dorada que se ha descolgado del cielo para ti esta tarde, Ori. Y te deseo un tránsito de belleza para aligerar tu camino hacia donde sea que vayan los seres vivos que fueron capaces de provocar tanto amor.
