Pan de ayer
Mi padre ha comprado pan, pero tiene más de media barra de ayer. Le propongo retirar la de ayer, puesto que tiene pan del día, pero me dice que el de ayer se puede comer.
-Ya -le digo-, pero es absurdo comer pan de ayer teniendo pan del día.
-El de hoy mañana estará bueno aún y se podrá comer.
-Pero ¿no te das cuenta que de esta forma siempre comes pan de ayer, teniendo pan del día?
-Bueno, pero me da mucha pena tirar comida con la de gente que se muere de hambre.
– Ya, papá, pero entonces lo que tienes que hacer es no comprar pan hasta que no acabes el que tienes, para ponerte al día.
-Ya -responde-, y se encoge de hombros.
– ¿Entonces? ¿Qué pan te pongo? -insisto, con mi lógica de siglo XXI.
-El de ayer -sentencia.
-Sabes que es una ‘churrez’ (palabra de casa) lo que haces, ¿verdad?
-Sí. Pero lo prefiero.
Amén.
Le cuento, a continuación, sonriéndome con el recuerdo:
-¿Sabes quién hacía esto mismo con el pan? Ernesto. -Se sonríe él también.
Pienso en que es bonito este lugar común donde, a través del pan, mi padre se encuentra con su consuegro y su recuerdo; quizá también con otras personas mayores que lo ven como ellos. Una entrañable ‘churrez’ que tiene su encanto en la defensa militante -y de plena vigencia- de que está feo tirar comida.
Hoy se come pan de ayer.