Grace Green
Probé a imaginar que el guapísimo tío que no dejaba de mirarme, con el primer sorbo de café, caería fulminado delante de mi mesa. Por eso, cuando se desplomó, me asusté tanto que salí corriendo. Sin pagar. Llegué al portal de mi casa muy sofocada. Nadie me vio entrar ni coincidí con ningún vecino ya dentro. Subí por las escaleras sin parar de correr, con la llave de casa preparada y la imagen del cuerpo venciendo la silla, en primer…