La vista de cada verano
No me canso de esta imagen desde las bodegas de Baltanás. Cada verano, desde hace muchos años, vengo por aquí y subo a lo que las gentes del lugar llaman El Castillo; una montaña perforada y así madre de unas cuantas bodegas con sus merenderos, sus bancos con vistas y sus chimeneas de piedra. Por temporadas, ha estado limitado el acceso con coche por temor al derrumbe, pero El Castillo resiste y guarda la trasera de la iglesia de San…