Quiero ser anacoreta
Hace décadas, el día que fui consciente de que nacer niña —desde mi punto de vista— llevaba consigo un lote pesado y poco atractivo, quise ser un niño. Lo intenté. Por aquellos tiempos rezaba mucho y con una fe que siempre creí que me ayudaría, en un momento dado, a mover un pedrusco de sitio; quizá de mayor sería capaz de hacerlo con la montaña. Criatura. Estoy segura de que Dios me escuchó, pero no me concedió el capricho (entendería…