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La amiga de mamá

Ayer estuve tomándome un café con la amiga de mamá. Se llama María Ángeles y fue la mejor; para ella y para todos. Una amiga con mayúsculas, de la familia. Con mamá, siempre; hasta el final de esos años de resistencia consumida, de comunicación visual, de afecto canalizado a través de tacto, sonrisas, abrazos y universo compartido.

Quedaba con mamá a tomar un café y a pasear un poquito, si el tiempo lo permitía. María Ángeles enriquecía la precariedad expresiva con la que la enfermedad castigó a mi madre, con la mermelada de la generosidad y la lealtad a ese vínculo fuerte, indeleble, a prueba de todo, alimentado con años de charlas cómplices ante un cafelito mañanero que les daba alas y talante para lo que se les pusiera por delante. Qué par de enormes mujeres.

Empecé a sumarme puntualmente a estos cafelitos mañaneros hace unos años, durante la larga convalecencia de mi atropello. Y descubrí esa conexión mágica entre dos grandes amigas a quienes ni el Alzheimer ni los silencios pudieron separar, porque, entre ellas, lo importante ya estaba dicho. La sonrisa de mi madre cuando distinguía a María Ángeles esperándola en el punto de encuentro era pura belleza. Con María Ángeles se sentía segura, cuidada, comprendida, recogida en su fragilidad, acariciada en su impotencia; serena cuando las manos de su amiga agarraban las suyas, cuando le troceaba el croissant y le pausaba los sorbos de café con leche.

Tuve el privilegio de verlas juntas y deleitarse en el tiempo que se entregaban. Y así me fui preparando, sin saberlo, para el relevo.

Cada vez que quedo con María Ángeles pienso en mamá, en lo mucho que le alegraría saber que nos gusta pasar estos ratos juntas. Cada vez que me siento con su amiga del alma ante un café, la siento con nosotras. Está. Sonriendo en silencio, sabiendo que la invocamos con nuestros encuentros, que la echamos muchísimo de menos y que estos ratos nos ayudan a retenerla a través de los recuerdos.

Nos hemos despedido con un abrazo fuerte, como siempre, bajo la lluvia. Camino del tranvía, pura nostalgia y agradecimiento.

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