Lo mejor del I+D+i
Mi doctora Pastelitos —no hay padecimiento que se resista a la repostería de mi niña— está ya a tope preparando la campaña de Navidad. Nos acabamos de terminar la última tanda de las mejores cookies que hayamos probado nunca y ya estamos catando los primeros roscos de Reyes, porque este año vienen con novedades en masas, rellenos y tamaños.
La investigación, el desarrollo y la innovación se han instalado en nuestra cocina: en nuestro horno, en nuestra nevera. en la encimera de la isla, en nuestra terraza, en nuestras listas de la compra… Estamos a tope. No negaré que con sumo gozo. Para una golosa como yo, tener un obrador tan prolífico y exquisito es una fantasía.
Lo mejor de todo es ver esas manos hacendosas, esa expresión de máxima concentración que me ofrece la imagen del compromiso con la exigencia y el trabajo bien hecho. Lo mejor de todo es ver a mi chiquitina moverse con confianza por el espacio: manejar varillas, espátulas, moldes, bandejas, papel de horno, mangas pasteleras, estar atenta a los tiempos. Me llena de orgullo verla trabajar con esmero sobre posibilidades de hacerlo cada vez mejor. Me emociona verla tan mayor, tan segura de su camino, tan bonita con su chaquetilla blanca y sus sueños en la masa.
Pero lo mejor de lo mejor del I+D+i de la cocina de mi casa es la sonrisa de esa carita preciosa, tras las palabras mágicas que le dan sentido a todo: «Olarizu: riquísimo».
Acto seguido, una mirada rápida al fregadero y esas otras palabras que son ya un clásico: «Tranquila, que ahora lo recojo todo». Porque hay que ver la que se lía…