Un buen pelo
Tengo una amiga maravillosa, pero ella no sabe cuánto.
La semana pasada estuvo requetecontenta participando en la entrega de títulos a la última promoción de graduadas y graduados en Trabajo Social. Ocupaba lugar en la mesa de intervenientes, porque hablaba en nombre del colegio profesional.
Cuando le dieron paso, se dirigió al feliz alumnado leyendo unas palabras que yo sentí profundamente sinceras, porque estaban escritas con la autoridad de la experiencia y el amor a su profesión por bandera.
Hablar en público no es sencillo y hacerlo sin papeles aporta un plus de presión a la inquietud de quedarse en blanco o no encontrar las palabras adecuadas cuando llegue el momento. El respeto al evento y a las personas asistentes hizo que mi amiga optara por la lectura interpelativa, manejando bien la mirada ora al papel, ora a las y los graduados. Y lo hizo muy bien. Pude verlo en diferido a través del enlace de la grabación, que ella quiso pasarme sabiendo que lo disfrutaría un montón, como así fue.
Hoy hemos hablado de su intervención en el acto y ella se me ha adelantado: «Lo leí todo». He sonreído, porque parecía que me estuviera rindiendo cuentas (que quién soy yo, madre mía, para esperarlas de una grande como mi amiga). Pero, como me ha dado pie, he entrado; a fondo, segura de lo que decía y convencida de que podía empoderarla:
– La próxima tienes que contarlo sin papeles. Hubieran gozado escuchándote decir que tienen la profesión más bonita del mundo, sintiendo la pasión con la que pones en valor la importancia de escuchar, aupar y acompañar a quienes no lo tienen fácil; contagiándoles las ganas de seguir aprendiendo para dotarse de más y mejores herramientas para trabajar por la justicia social…
– Si lo hubiera dicho así, sería Macarena, ja, ja, ja…
Me he reído yo también con su comentario, porque, a pesar de no ser exacto, he leído en él su reconocimiento a mis habilidades comunicativas. Pero, como digo, el comentario no ha sido exacto: vale que esta humilde redactora disfruta con el oficio y propone baile a las palabras para que tejan frases con melodía y cuenten más bonitas las cosas. Pero es justo decir que el lacito no queda igual de bien sin un buen pelo. Mi amiga, además de ir siempre divina de pelos y ser estilosa que te mueres, tiene el mejor contenido para la forma que ella le quiera dar. Porque ni los nervios del momento, ni la inseguridad que podría haberle arrojado sentir decenas de ojos sobre ella, hubieran podido restarle potencia a su mensaje; el que tengo la inmensa suerte de recibir tantas veces, cuando trabajamos juntas y siento cómo crece mi respeto por su saber hacer, su compromiso y su bonita persona; que es, al fin a la postre, lo que hace posible todo lo demás.
Mi amiga es maravillosa y, además, importante; no por tener un cargo y estar en una mesa de intervinientes, sino porque, entre otras muchas cosas, tiene un tesoro que compartir: contar que su profesión es la mejor del mundo. Con lazo o sin él, un buen pelo es un buen pelo.