Por un puñado de años
No sé qué hacer con esta emoción que me ha caído como un rayo, descargando un golpe de luz abrasiva que he sentido atravesándome de arriba abajo, mientras se sucedían a una velocidad demencial momentos, frases, miradas, despertares, algunas fotos y retazos de ese tiempo en el que nos hicimos grandes juntos. Siento inundado mi pensamiento por una marea baja de lágrimas que ha rescatado, en este momento tan triste, ese puñado de años que dibujó una marca profunda, importante, en el árbol de mi vida.
No sé qué hacer con la conversación que me quedó pendiente. No sé qué hacer con todo aquello que arrinconé en mi corazón ni con todo lo bonito que viví contigo. No sé qué hacer con los cuadernos ni con la guitarra ni con aquella canción.
No sé con qué palabras dirigirme a quienes estaban entonces, para compartir esta pérdida abrumadora y decirles que no me puedo creer… que te vayas, que te vayas a llevar tu mitad de nuestros recuerdos de hace mil años y mi mitad de las respuestas a las preguntas que no llegué a hacerte.
No sé cómo gestionar este dolor inesperado y temprano que, al atravesarme como un rayo, con su azote de luz incandescente, remueve y revienta de lágrimas mi mirada, mientras escucho de fondo, aquí en la calle, el Adeste fideles de las corales cantando a la Navidad y acariciando mi corazón triste.
Acaba el villamco y toman el relevo en mi cabeza unos acordes de piano…