El día de tomarnos un café y agarrarnos las manos
Nunca he celebrado el Día de la Madre. Me ha parecido siempre una limosna irritante que nos fuerza la emoción y la sonrisa ante nuestros hijos e hijas, ante la complacencia generalizada por veinticuatro horas de homenaje que ponen el contador a cero, para que todo vuelva a empezar: la madre entregada, la madre generosa, la madre vigilante, la madre en vela, la madre refugio, la madre tirita, la madre omnisciente… La madre sola ante el peligro, la madre que…