La jaula
Ocurrió a plena luz del día. Un tipo fuerte frenó mi trayectoria por la espalda, agarrándome los brazos, sin que pudiera verle la cara. Me empujó a zancadas hasta donde estaba la jaula. Liberó una de sus manos para abrirla y, acto seguido, con un nuevo empujón, me metió dentro y golpeo la puerta para dejarme encerrada. Pude ver su barbudo rostro y su cráneo afeitado durante un par de segundos, mientras se marchaba dejándome allí. Le grité: — ¡Oye!…