Las bolas de lapislázuli
Desde última hora de la tarde, en una calle peatonal con árboles sumamente frondosos, hay unas cuantas bolas de lapislázuli camufladas entre frutos maduros desprendidos, hojarasca y bolitas pinchudas. Pertenecían a una bonita pulsera que ha salido disparada de mi muñeca, al lanzar con entusiasmo una pelota de tenis tras la que mi perro ha salido como un rayo. Y así, en un instante, he sentido cómo la perdía, se estrellaba contra el suelo y diseminaba por todas partes las…