Aquellos zuecos rosas
El dolor me ha devuelto a la toma de conciencia de la incomodidad de mi postura. El desperezarse del cuero del sofá, al intentar recolocar mi cuerpo, me ha saludado en una madrugada que, horas antes, he sentido fría bajo un par de mantas bien ajustadas a mi (aún) camisón de verano. Ahora me sobran las mantas, me pesan sobre el hematoma que señala mi rodilla atormentada y me escuecen sobre una de mis cicatrices viejas, la que nunca ha…