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Dos y ya

Ha pasado un año más y desde hace unos días estoy intentando ponerme en orden para llegar a este 17 de octubre con un mensaje que darme: dos y ya.

El año pasado también hice balance y era bueno. Vivía un momento sereno y esperanzado, arropado por el agradecimiento y la oportunidad. Este aniversario 2020 es distinto. Han sido, por una parte, meses de noticias regulares, pérdidas, resignación y dolor; por otra, una prórroga para seguir con los planes que estaban enriqueciendo tanto mi stand by. Este segundo tramo ha sido también el del confinamiento, las limitaciones de la desescalada y la imposición de un nuevo orden que nos promete protegernos del mal al altísimo precio de dejar de tocarnos, de vernos completos los rostros y de celebrar la vida como lo hacíamos. A veces no puedo evitar sentir que nos han castigado a todo, como cuando éramos pequeños y la liábamos parda. Ha sido un año difícil, pero han seguido pasando cosas buenas; siempre pasan cosas buenas mientras nos lamentamos.

Yo quería llegar al día de hoy con los deberes hechos: un sueño cumplido y una tarea terminada. Con ellos hubiera querido hacer un lazo bonito para cerrar esta etapa. A día de hoy, el sueño está a un par de semanas y la tarea, a quince medias horas. No pasa nada, son los nuevos tiempos de retrasos y mentes necesariamente flexibles, para encajar que hay mucho tema fuera de nuestro control.

Voilà la tarea, a falta de 15 cuadraditos.

Y aquí el sueño, a dos o tres semanas de ser una realidad completa:

No pudo ser por poco y, como he dicho ya, tampoco pasa nada. ¿No es un planazo para hoy, revisar la prueba de imprenta de mi libro cubierta con una manta con boquete que permite sacar el brazo para pasar las páginas? 🤗

Hace un par de horas que ha amanecido este día en el que, aunque con asuntos pendientes, decido cerrar etapa. Dos y ya. Hay que seguir. Desde hoy hacia delante, con todo lo que soy capaz de registrar en este inventario que hoy hago de los dos últimos años: lo que perdí, lo que gané, lo que viví, en armonía con la persona que ahora soy.

Hace un año el cuerpo me pedía felicitarme por el camino andado. Este año, no. Momentos antes de cerrar esta puerta, el sentimiento que se me impone es la nostalgia. Y me permito sentirla. Tiro de la manilla y escucho cómo se encaja el resbalón. Se acabaron los balances, hay mucho por hacer: tengo que terminar una manta y dar el visto bueno para que empiece a imprimirse mi segundo libro. Siento fuerza, inspiración y, lo mejor de todo, muchas ganas. Voy a ver si entre lo de la manta y el libro, saco un rato para pensar en cómo podemos arreglar esto de la pandemia. Me siento poderosa 🙂

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