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Taller de pedagogía y templanza

En las últimas semanas está habiendo una polémica en relación con un cartel de un estudio artístico en el que la policía local de Vitoria-Gasteiz no salía muy bien parada. El texto que acompañaba la creatividad en la cuenta de Facebook del estudio era también bastante rabioso. No lo voy a mostrar, porque no comparto el lenguaje del insulto y dejo a quien corresponda valorar lo que es o no libertad de expresión.

Lo que hay detrás de este cartel es que surgió como respuesta a una actuación policial que tuvo lugar el pasado mes de febrero en un bar de la ciudad. Personas que estaban allí manifestaron que nuestra policía de proximidad abusó de su autoridad. Un clásico en esta ciudad.

Acabo de tener una charlita con un agente municipal. Vaya por delante que tenía razón y se la he dado en el segundo tres. Pero este señor uniformado –y este detalle es fundamental- quería llamarme al orden pero no multarme, porque no lo ha hecho (a lo mejor porque las instrucciones eran de ser pedagógicos y no punitivos, al menos de momento). Lo que sí quería este señor era sacar pecho; por una simple razón: porque puede. No es la primera vez (ni será la última) que tengo enganchadas con la policía local. Estos señores (en mi caso siempre han sido señores) tienen todos el mismo perfil: jóvenes y subiditos; muy subiditos. Porque si razón no les falta -y, obviamente, no les falta cuando se permiten avasallar como lo hacen-, de lo que sí adolecen es de templanza y me temo que también de autoestima. Porque solo quien se siente menor necesita crecerse y tratar a una persona adulta como si fuera párvula, para alcanzar así la altura suficiente para que su ego no encuentre obstáculos a su expansión.

La policía municipal de Vitoria-Gasteiz es un horror. Hoy, tras el cuerpo a cuerpo con el agente de turno, he estado un poco más calladita de lo que me hubiera gustado, porque me duele muchísimo la cabeza y no tengo energía para sacudirme tanta chulería y jugármela a que me larguen la del desacato, que ya me la sé de otras veces y, la verdad, me aburre.

Me parece muy bien que el sindicato SIPLA (ofendido con el cartel ya mencionado) defienda lo suyo, pero estaría bien también que defendiera lo nuestro: lo de los ciudadanos y ciudadanas de Vitoria-Gasteiz, que no nos merecemos que nos traten de esa manera. Estoy por proponerles un taller blandito y constructivo: Pedagogía policial con una sonrisa. Deben pensar que con las mascarillas no se aprecian; pero sí, señores agentes, se aprecia: la sonrisa y la voluntad de entenderse que transmite tan sencillo gesto. Prueben a ver.

Como me duele mucho la cabeza -como ya he dicho- y no quisiera quebraderos autoinfligidos por no haber sido del todo justa, añadiré al final de este desahogo que sé que hay agentes que no se reconocen en esta fotografía y hacen bien su trabajo; yo en una ocasión conocí a dos que igual ya no están, no sé. Si han resistido a la compañía de tanto personaje inflado, quizá ellos mismos puedan preparar el taller de pedagogía y templanza. Y si no, que me llamen, que lo hago gratis. Ahora, para la primera sesión, me pido que me dejen probarme un uniforme. A lo mejor resulta que todo era eso.

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