Venga, bonita…
No puedo soportar perder nada más. Por eso, sigo confiando en la naturaleza de la poinsettia que traje a casa, hace justo un año, la tarde de Nochebuena. Iban a ser unas navidades tristes, pero, aquella tarde, con la flor de pascua llegaba también un respiro a mi casa y a mi corazón. La planta vino frondosa y fuerte, preciosa. Tan bonita que la lucí en la promoción navideña de mis novelas. Sorprendentemente, resistió al invierno; al tiempo que perdía…