Para pedirte que estés
Juego a imaginar que sería un jueves, cómo lo es hoy, el día que te dedicaste a trabajar en mi rodilla derecha. Imagino también que la izquierda la habrías terminado de pulir un poquito antes y que, en la laboriosa tarea de gestar, tu cuerpo sabia que estabas haciendo algo muy importante. Me alumbraste completa, perfecta. No sé si plenamente consciente de que habías vuelto a hacer este milagro de hembras. Hoy, en unas horas, me desprenderé de esa parte…